On martes, 18 de noviembre de 2025

 Tomás y la Tortuga del Tiempo



Autora: Guevara Rojas Vivien Neyive

Capítulo 1: El niño que quería crecer rápido

Tomás era un niño curioso que siempre decía:
—¡Quiero ser grande ya! Quiero hacer todo lo que hacen los adultos.

Vivía apurado, sin disfrutar de los juegos, ni de las tardes con sus amigos. Su abuela solía decirle:
—Todo llega a su tiempo, pequeño. El sol no amanece más rápido solo porque tengamos prisa.

Pero Tomás no entendía. Pensaba que si pudiera adelantar los días, sería más feliz.

Una noche, mientras miraba las estrellas desde su ventana, escuchó una voz suave y pausada que decía:
—Si tanto deseas adelantarte al tiempo… puedo ayudarte.

Del reflejo de la luna apareció una tortuga brillante con un reloj en el caparazón. Era la Tortuga del Tiempo.

Capítulo 2: El viaje a través de los segundos

La tortuga le ofreció a Tomás un trato:
—Si me acompañas, te mostraré cómo viaja el tiempo. Pero debes prometerme que observarás con atención.

Tomás aceptó sin pensar. Subió sobre su caparazón y, con un destello dorado, viajaron entre relojes flotantes y estrellas que giraban como agujas.

Primero llegaron a un campo donde una flor intentaba abrirse a la fuerza. Tomás sopló para ayudarla, pero la flor se marchitó.
—¿Ves? —dijo la tortuga—. Las cosas hermosas necesitan su propio ritmo.

Después visitaron una granja donde un pollito rompía su cascarón. Tomás quiso ayudarlo, pero al hacerlo, el pollito no pudo sobrevivir.
—Al apresurar el tiempo —dijo la tortuga con tristeza—, quitamos la oportunidad de aprender y crecer.

Tomás comenzó a entender que la prisa podía romper la magia natural de las cosas.

Capítulo 3: El día que no tenía minutos

De pronto, la tortuga lo llevó a un pueblo donde los relojes habían desaparecido. Todo estaba desordenado: los niños no sabían cuándo jugar, las flores no sabían cuándo abrirse, y los adultos corrían sin rumbo.

Tomás preguntó:
—¿Qué pasó aquí?

—Olvidaron respetar al tiempo —respondió la tortuga—. Quisieron hacerlo correr y lo perdieron.

Tomás intentó arreglar los relojes, pero ninguno funcionaba. Entonces comprendió que el tiempo no se mide con agujas, sino con momentos que se viven y se disfrutan.

Con el corazón lleno de tristeza y sabiduría, abrazó a la tortuga.
—Quiero volver. Prometo que esperaré con paciencia cada día que venga.

Capítulo 4: El regreso y la promesa

Tomás despertó en su cama, con la luz del amanecer. En su mesa había una diminuta concha de tortuga que brillaba como un reloj de arena.

Desde ese día, Tomás dejó de apresurar el futuro. Jugaba, escuchaba, ayudaba y se reía sin preocuparse por crecer rápido.

Cuando alguien le preguntaba por qué ya no decía “quiero ser grande”, él sonreía y respondía:
—Porque el tiempo camina despacio… ¡y tiene mucho que enseñarme!

🌿 Moraleja:


La paciencia es la llave del crecimiento.
El tiempo no debe apresurarse; debe vivirse con amor, calma y gratitud.

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