On lunes, 17 de noviembre de 2025

NUBE DE ALGODÓN



Autora: Zaskia Cedeño

Edad recomendada: 4 a 6 años

Un cuento sobre la amabilidad


Capítulo 1: La nubecita que vivía en el cielo

En lo alto del cielo vivía Nube de Algodón, una nubecita muy esponjosa y blanca como el azúcar. Le encantaba flotar despacito, mirando cómo los niños jugaban en los campos y cómo los animales descansaban bajo los árboles.

Pero, a veces, Nube de Algodón se sentía pequeña entre las nubes grandes y grises que hacían lluvias fuertes.
—Yo también quiero ayudar al mundo —susurraba—, aunque sea pequeñita.

Un día, escuchó un sonido suave desde abajo. Era una flor marchita que pedía agua.
Nube de Algodón decidió bajar un poquito… y algo maravilloso empezó.


Capítulo 2: La lluvia más suave del mundo

Con mucho cuidado, Nube de Algodón apretó su pancita esponjosa.
Plin… plin… plin.
Cayeron gotitas de agua, tan suaves como un abrazo.

La flor, sorprendida, abrió sus pétalos.
—¡Gracias! Me sentía muy sedienta —le dijo feliz.

Nube de Algodón sintió algo calentito dentro: ¡había ayudado a alguien!
A partir de ese día, comenzó a visitar los jardines, los huertos y los bosques. Donde veía plantas cansadas o tierra seca, dejaba caer su lluvia suave y gentil.

Las plantas crecían, los animales bebían, y todos empezaron a querer mucho a la nubecita bondadosa.


Capítulo 3: El día del viento travieso

Una mañana, un viento fuerte y juguetón pasó por el cielo.
—¡Hooooola, nubecita! —dijo soplando—. ¿Jugamos a empujarnos?

Antes de que Nube de Algodón respondiera, el viento la arrastró hacia donde no quería ir. Terminó tan estirada que casi perdió su forma.

—¡Ay! —dijo Nube de Algodón, preocupada—. Si me desarmo, ¿cómo podré ayudar?

El viento, al darse cuenta, frenó el juego.
—Perdón, no quería asustarte —dijo apenado—. Yo solo quería divertirme.

Nube de Algodón respiró profundo.
—Está bien. Pero debes ser suave conmigo, igual que yo lo soy con los demás.

El viento sonrió y la ayudó a recuperar su forma esponjosa. Desde entonces, se convirtió en su amigo y la llevaba despacito a los lugares donde la necesitaban.


Capítulo 4: La lluvia que cambió un día entero

Un día, Nube de Algodón vio a un grupo de niños tristes porque su huerto se estaba secando.
—No crece nada… —decían—. ¡Qué pena!

La nubecita bajó lentamente, y con una sonrisa redondita dejó caer su lluvia suave, fresquita y brillante.

—¡Miren! ¡La tierra vuelve a vivir! —gritó una niña.
—¡Gracias, nubecita! —dijeron todos.

Las plantas comenzaron a brotar, verdes y felices.

Nube de Algodón sintió que brillaba un poquito más. Había descubierto que, aunque fuera pequeña, su amabilidad tenía el poder de cambiar días tristes en días hermosos.

Desde entonces, viaja por el cielo, repartiendo gotitas de cariño donde más se necesitan.
Porque la amabilidad, aunque sea chiquita, hace un mundo enorme.

FIN 

Descargar la versión del cuento para colorear

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