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Nina y el Conejo de los Deseos
Autor: Félix Benítez Mero
Edad recomendada: 4 a 7 años
Valor que promueve: Generosidad y empatía
Capítulo 1: El descubrimiento en el jardín
Una
mañana soleada, la pequeña Nina jugaba en el jardín de su abuela cuando
algo brilló entre las flores. Al acercarse, descubrió un pequeño conejo
blanco con ojos color esmeralda. El animalito hablaba con voz dulce y le
dijo:
—Soy Brinco, el Conejo de los Deseos. Puedo concederte tres deseos,
pero debes pensar bien antes de pedirlos.
Nina no
podía creerlo. ¡Un conejo que hablaba y cumplía deseos! Emocionada, comenzó a
imaginar todo lo que podría pedir: juguetes, dulces, vestidos y castillos de
chocolate.
Pero
Brinco le advirtió:
—Los deseos más hermosos son los que hacen sonreír a los demás.
Nina no
entendió del todo, pero decidió guardar esa frase en su corazón.
Capítulo 2: El primer deseo
Esa
tarde, al pasar por la plaza, Nina vio a un grupo de niños tristes: su pelota
se había roto y no podían jugar.
Recordó las palabras del conejo y, con una sonrisa, dijo:
—Deseo que todos ellos tengan una pelota nueva.
En un
destello de luz dorada, aparecieron pelotas de todos los colores. Los niños
comenzaron a reír y a invitarla a jugar. Nina sintió una calidez en el pecho
que no había sentido antes.
Brinco
apareció entre los arbustos y le dijo:
—Has usado tu primer deseo… y lo hiciste para compartir. Tu corazón brilla,
Nina.
Capítulo 3: El segundo deseo
Al día
siguiente, mientras paseaba por el bosque, Nina escuchó un maullido. Un gatito
gris estaba atrapado entre unas ramas. Nina trató de ayudarlo, pero las
ramas eran muy duras.
Sin pensarlo dos veces, pidió su segundo deseo:
—Deseo que el gatito esté a salvo.
De
inmediato, las ramas se separaron suavemente, y el pequeño gato cayó entre los
brazos de Nina. El animalito ronroneó feliz, y ella decidió llevarlo a casa y
cuidarlo.
Brinco
volvió a aparecer y dijo:
—A veces los deseos no necesitan palabras, solo un corazón dispuesto a ayudar.
Capítulo 4: El último deseo
Pasaron
los días, y el pueblo se preparaba para una gran fiesta. Pero de pronto, una
fuerte lluvia destruyó el puente que unía el pueblo con la escuela, dejando
a los niños sin poder asistir.
Nina pensó mucho y finalmente dijo:
—Brinco, deseo que el puente se repare y que todos puedan ir a la escuela sin
peligro.
El conejo
cerró los ojos, y una luz suave envolvió el río. Cuando la lluvia cesó, un
hermoso puente de flores y madera apareció.
Los niños aplaudieron y abrazaron a Nina.
Brinco sonrió
y le dijo:
—Tus tres deseos fueron usados con bondad. No todos los conejos encuentran un
corazón tan generoso.
Nina
abrazó al conejo, sabiendo que la verdadera magia no estaba en los deseos… sino
en ayudar a los demás.
🌈 Mensaje final del cuento
“El
verdadero poder de los deseos está en el corazón que los pide. Cuando compartes
y ayudas, haces del mundo un lugar más feliz.”
