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Lulú y el pez dorado del pacífico
Capítulo 1: El secreto del mar brillante
En un pequeño pueblo costero de Esmeraldas, vivía Lulú, una niña alegre y curiosa que amaba el mar. Cada tarde, ayudaba a su abuelo pescador a recoger las redes mientras el sol se escondía pintando el cielo de naranja y violeta.
Un día, al revisar las redes, Lulú encontró algo sorprendente: un pequeño pez dorado que brillaba como si tuviera el sol atrapado en sus escamas. Pero el pez no se movía. Con mucho cuidado, Lulú lo tomó entre sus manos, sintiendo que algo mágico estaba por suceder.
Lulú colocó al pez con cuidado en el agua, y en ese momento el mar comenzó a brillar como si millones de estrellas hubieran caído del cielo. El pez movió sus aletas con suavidad y habló con voz dulce:
—Gracias, Lulú. Me salvaste la vida. Soy el guardián del Pacífico. Te concederé un deseo.
Lulú, con el corazón lleno de emoción, respondió sin dudar:
—Deseo que mi pueblo siempre tenga comida, pero sin dañar el mar.
El pez dorado asintió, y su luz se extendió por toda la costa, llenando el aire de esperanza y magia.
Capítulo 2: El regalo del pez dorado
Al amanecer, Lulú notó algo mágico: las aguas del mar eran más claras y tranquilas. Los peces grandes nadaban libres, y los pequeños jugaban entre los corales sin miedo.
Las redes de los pescadores ya no atrapaban a los peces bebés ni rompían los corales del fondo. Todo parecía lleno de vida y alegría, como si el mar estuviera cantando bajo el sol.
Pero no todos estaban felices. Algunos pescadores se enojaron porque ahora capturaban menos peces.
—¿Cómo alimentaremos a nuestras familias? —se preguntaban preocupados.
Lulú decidió reunir a todos los pescadores. Con voz firme y dulce, les contó su secreto:
—El pez dorado me enseñó que el mar se enferma cuando se toma más de lo necesario. Si cuidamos el mar, él nos cuidará también.
Su abuelo fue el primero en creerle. Entonces, los pescadores comenzaron a usar redes nuevas, más pequeñas y suaves, que no dañaban a los animales marinos.
Capítulo 3: La promesa del Pacífico
Una noche de luna llena, Lulú siguió un canto que provenía del mar y encontró al pez dorado brillando entre las olas. Él le dijo que su deseo se había cumplido: su pueblo ahora vivía en paz y armonía con el océano.
Con una sonrisa, Lulú sintió que su corazón y el del mar latían al mismo ritmo, sellando para siempre su amistad con la naturaleza.
El pez dorado prometió que el mar siempre sería generoso con quienes cuidaran su vida. Desde entonces, los niños de Esmeraldas lanzan piedras al mar para pedir deseos, y una ola dorada les responde con un brillo mágico.
Así, el pueblo recordó por siempre a Lulú, la niña que comprendió el lenguaje del océano y enseñó a vivir en armonía con él.
