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⭐ LA PEQUEÑA LUCIÉRNAGA QUE NO QUERÍA BRILLAR
Autora: María Tambaco
Capítulo 1: La luciérnaga tímida
En el Bosque Susurrante vivía Lili, una pequeña luciérnaga con unas alas suaves como pétalos y una luz que, aunque hermosa, ella nunca dejaba encendida.
Mientras todas las demás luciérnagas iluminaban las noches con destellos dorados, Lili se escondía detrás de las hojas.
—No quiero brillar —susurraba—. ¿Y si todos me miran? ¿Y si mi luz es muy rara?
Las otras luciérnagas jugaban a dibujar círculos brillantes en el aire, pero Lili prefería observar desde la oscuridad, deseando en secreto poder unirse… aunque no se atrevía.
Capítulo 2: La noche más oscura
Una noche, el bosque quedó más oscuro de lo normal. Las nubes cubrieron la luna y ni siquiera las estrellas podían verse.
Los animalitos del bosque se confundieron:
El conejito Brinco chocaba con las raíces, la ardillita Nuez no encontraba su nido, y el búho Oto batía sus alas preocupado.
—¡Oh, no! —dijo Brinco—. ¡No vemos nada!
Oto, desde lo alto, llamó:
—¿Habrá alguna luciérnaga que pueda guiarnos?
Todas las luciérnagas estaban dormidas… excepto Lili, que escuchó todo desde la rama donde se escondía.
Sintió su corazón latiendo muy rápido.
Ella sí podía brillar… pero, ¿se atrevería?
Capítulo 3: La luz que nació del valor
Lili temblaba, pero vio a Brinco tropezar otra vez.
Vio a Nuez abrazarse la cola con miedo.
Vio que el bosque necesitaba una luz, por pequeña que fuera.
—Puedo hacerlo… un poquito —se dijo.
Y con un profundo respiro, dejó escapar un pequeño destello.
¡Plim!
Su luz brilló suave, como una estrellita recién nacida.
Los animales levantaron la vista.
—¡Una luz! —gritó Nuez feliz.
Lili, todavía temblando, voló despacito hacia ellos.
Mientras avanzaba, su luz crecía un poquito más… y un poquito más…
Hasta que el bosque comenzó a verse nuevamente.
—Gracias, Lili —dijo Oto—. Tu luz es hermosa.
Por primera vez, Lili no quiso esconderse.
Capítulo 4: La luciérnaga que iluminó el camino
Lili guió a los animalitos de regreso a sus hogares.
Los acompañó entre raíces, troncos y flores dormidas.
Cuando todos estuvieron a salvo, cada uno le dio un abrazo o unas gracias brillantes.
Esa noche, al volver a su hoja favorita, Lili sintió algo nuevo en su corazón:
orgullo por su luz.
Cuando las demás luciérnagas despertaron, Lili no se escondió.
Voló junto a ellas, dibujando círculos luminosos en el aire.
—No sabía que brillar podía sentirse tan bonito —pensó.
Y desde entonces, siempre que alguien necesitaba un poquito de luz, Lili estaba ahí…
con un destello cálido que nacía de su valentía.
⭐ Moraleja:
Cada niño tiene una luz especial dentro.
A veces solo necesita un poquito de valor para dejarla brillar.
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