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- La Frecuencia 107.9
Capítulo 1 — La radio que despertó a medianoche
El reloj marcaba las 12:00 en punto cuando la vieja radio del cuarto de Sofía se
encendió sola.
Ella se sobresaltó. Nadie la había tocado; ni siquiera estaba conectada correctamente.
Era un aparato antiguo que había encontrado en el trastero, lleno de polvo y recuerdos
que no le pertenecían.
De la radio salió un suave zumbido, como si estuviera respirando. Luego, una voz joven,
cálida, apenas quebrada:
—¿Hay… alguien escuchando?
Sofía sintió un escalofrío.
No era un locutor. No sonaba como una grabación. Sonaba como alguien que hablaba…
en ese mismo instante.
—Mi nombre es Daniel —continuó la voz—. Si estás ahí, por favor… responde.
Ella se acercó lentamente, sin saber si debía hablar o apagarla. Su corazón latía con
fuerza. Finalmente, susurró:
—Te escucho…
La radio hizo un pequeño chasquido, como si se alegrara.
—Al fin —dijo Daniel—. Alguien en esta frecuencia…
Sofía no lo sabía aún, pero esa noche cambiaría todo lo que creía del tiempo, del
destino y de sí misma.
Capítulo 2 — Conversaciones entre dos mundos
Cada noche, a las doce en punto, la radio se encendía.
Y Daniel hablaba.
No era un fantasma ni un ruido extraño. Era un adolescente como ella, de 16 años. Reía
con facilidad, describía la música que le gustaba, los lugares donde soñaba viajar, y las
cosas simples que lo hacían feliz.
Pero había algo extraño.
Daniel hablaba de fechas pasadas…
Muy pasadas.
—Hoy es 3 de junio de 1998… —decía sin pensarlo.
Sofía sintió que la sangre se le helaba la primera vez que lo dijo.
Ella sabía que era 2025.
Al principio creyó que era una broma, o una grabación antigua. Pero nunca repetía sus
palabras. Nunca decía exactamente lo mismo. Y respondía a lo que ella decía, siempre
con una precisión imposible de pregrabar.
—Daniel… —se atrevió a preguntar una noche—. ¿Sabes qué año es… para mí?
La radio guardó silencio.
—¿Qué… estás diciendo, Sofía?
—Es 2025.
—Eso no puede ser…
Hubo un largo silencio en la frecuencia.
Y ella escuchó algo que nunca había oído en su voz: miedo.
Capítulo 3 — El secreto en la estática
Desde esa noche, Daniel empezó a contarle cosas que jamás le había dicho.
—Mi padre arregló esta radio —explicó—. Dijo que podía captar señales “perdidas”, y
no le creí. Solo la encendí por curiosidad. En ese momento… te escuché. Y pensé que
era una estación pirata.
Sofía sonrió.
—No soy una estación pirata. Soy solo… alguien sola en su cuarto.
—Yo también —respondió él—. Más solo de lo que admito.
Las conversaciones se volvieron íntimas y profundas.
Él le contaba cómo se sentía atrapado en una vida que no era suya.
Ella le confesaba que no sabía quién era, ni hacia dónde ir.
Pero había algo que no podían ignorar:
Entre ellos había 27 años de distancia.
Y, a pesar de eso…
Cada noche se buscaban en la misma frecuencia.
Hasta que un día, la voz de Daniel sonó apagada, casi triste:
—Sofía… siento que algo va a pasar. La señal se corta por momentos. No sé cuánto
tiempo más podré escucharte.
Sofía sintió un nudo en el pecho.
—No me dejes —susurró.
La radio soltó un suave zumbido.
—No lo haré… mientras tú sigas buscándome.
Capítulo 4 — El día que la radio dejó de hablar
Llegó una noche de tormenta.
El cielo gruñía y la lluvia golpeaba la ventana.
Sofía esperó.
El reloj marcó las 12:00.
Nada.
—Daniel… —susurró—. ¿Estás ahí?
Solo escuchó estática.
Un ruido vacío.
—Por favor… responde…
Nada.
Las lágrimas le cayeron sin darse cuenta.
Era extraño llorar por alguien que jamás había visto.
Pero había sentido que Daniel era la única persona que realmente la escuchaba.
Una semana pasó.
Sofía lo intentó todo: cambiar el dial, golpear la radio, revisar los cables.
Pero la frecuencia 107.9 estaba muerta.
Hasta que una noche, cansada de llorar, susurró:
—Si de verdad estás en 1998… espero que estés bien.
Espero que sigas soñando.
Espero que no me olvides…
Entonces lo escuchó.
Un chispazo.
Un latido en la estática.
—Sofía…
La voz sonó lejos, como si luchara por atravesar un túnel de tiempo que se
desmoronaba.
—Jamás te olvidaría… aunque el tiempo nos separe…
Y se cortó.
Para siempre.
Capítulo 5 — La última señal
Años después, Sofía cumplió la mayoría de edad.
Creció. Cambió.
Pero jamás volvió a escuchar la frecuencia 107.9.
Hasta que una tarde, revisando un baúl antiguo en el ático de la casa de su abuela,
encontró algo que detuvo su respiración.
Una foto.
Una foto de un chico sonriente, de unos 16 años, sosteniendo una radio idéntica a la
suya.
Atrás, escrito con tinta azul temblorosa, decía:
“Para quien escuche esto algún día.
Mi nombre es Daniel.
Y si lees esta foto… es porque nuestra señal cruzó el tiempo.”
Sofía sintió que el corazón le temblaba.
Él había intentado dejarle un mensaje.
Había confiado en que, de algún modo, algún día, en algún lugar del tiempo y el
espacio… ella lo encontraría.
Esa noche, como un ritual, bajó al cuarto y encendió la radio.
Sabía que no funcionaría.
Pero la encendió igual.
La estática llenó la habitación.
Y justo cuando iba a apagarla, escuchó algo:
Una risa tenue, juvenil, cálida.
La misma que recordaba.
—Sofía…
—Daniel…
La radio parpadeó y él dijo:
—Algunos destinos no necesitan tiempo.
Solo necesitan un recuerdo para volver.
Sofía cerró los ojos.
Y por un instante, sintió que no estaba sola.